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Baena, prueba viva del legado andalusí

Dice la leyenda —y los mapas del geógrafo ceutí al-Idrisi en el siglo XII— que Bayyana era una fortaleza inexpugnable rodeada de higueras, trigo y un horizonte infinito de olivos. Nueve siglos después, si uno conduce hacia Baena, la descripción sigue siendo casi idéntica. El paisaje se vuelve denso, las colinas se elevan y el verde plateado de los olivares lo inunda todo. Estamos en la Campiña Alta, la antesala de las Sierras Subbéticas, un territorio donde el tiempo parece avanzar al ritmo de la cosecha.

Texto: RV Edipress y Evasión
Fotos: RV Edipress

Baena es una encrucijada milenaria. Por aquí pasa el río Guadajoz y, con él, las rutas que conectan Córdoba con Granada. Es una tierra que ha estado habitada desde siempre, pero que vivió su primer gran «boom» hace 2.500 años. Mientras el resto del mundo miraba al valle del Guadalquivir, los íberos turdetanos prefirieron las alturas, construyendo ciudades fortificadas que hoy son el sueño de cualquier arqueólogo.

El despertar de los gigantes de piedra

Si hay un lugar donde el pasado te golpea con fuerza es el Parque Arqueológico de Torreparedones. No hace falta ser un experto para asombrarse ante las termas romanas recién descubiertas, con muros de tres metros que han aguantado en pie dos milenios, o el sistema de calefacción subterránea que ya quisieran muchos hoy en día.

Pero lo que realmente define este territorio son sus «bestias»: la famosa Leona de Minguillar, lobas amamantando a sus crías y toros de piedra que custodiaban las necrópolis. Muchas de estas piezas descansan hoy en el Museo Histórico Municipal, ubicado en la Antigua Tercia, un viejo almacén de grano de 1795 que hoy custodia el legado histórico de la ciudad.

La herencia de la Almedina

Aunque el alma de Baena está en lo alto. La Almedina, el casco histórico, es un laberinto que huele a piedra vieja y a historia. Su castillo, que comenzó siendo un bastión romano para terminar como residencia de los Duques de Sessa, hoy sirve como un mirador privilegiado. Desde la Plaza Palacio, la vista de la campiña es, sencillamente, abrumadora.

Pasear por aquí es saltar de siglo en siglo: Santa María la Mayor, una joya del gótico tardío construida sobre lo que probablemente fue la mezquita principal. El Convento de Madre de Dios, un rincón donde el Renacimiento cordobés se dio la mano con arquitectos de la talla de Hernán Ruiz y Diego de Siloé Arco de Consolación, una puerta almohade que aún conserva ese aire de frontera peligrosa que tuvo Baena durante siglos.

Porque Baena fue, durante más de 200 años, el último muro de contención de Castilla frente al Reino Nazarí de Granada. De esa época viene su escudo: cinco cabezas de musulmanes que recuerdan un duelo de caballeros en el año 1300. Incluso se dice que el propio Boabdil, el último rey de Granada, dio con sus huesos en la cárcel del castillo tras ser capturado en una escaramuza cercana.

Baena es, en definitiva, ese lugar donde puedes tocar una muralla almohade por la mañana, almorzar bajo un artesonado mudéjar y perder la mirada en un mar de olivos por la tarde. Es la Andalucía que no necesita filtros porque ya lo tiene todo.

Más razones para visitar Baena

El aceite de oliva como emblema local

Baena no solo destaca por su patrimonio histórico, sino también por ser uno de los centros oleícolas más importantes de España. Su ubicación en la Campiña Alta, con suelos calizos y un clima mediterráneo suave, ha favorecido históricamente el cultivo del olivo. Los olivares que rodean el municipio no solo conforman un paisaje de gran belleza, sino que son la base de aceites de oliva virgen extra de alta calidad, reconocidos en certámenes nacionales e internacionales por su aroma y sabor equilibrado.

  Tomelloso

Festividades y tradiciones populares

Baena conserva un calendario festivo vivo que combina devoción religiosa, tradiciones populares y celebraciones vinculadas al ciclo agrícola. Entre ellas destaca la Semana Santa, declarada de Interés Turístico de Andalucía, que se caracteriza por sus desfiles procesionales de gran solemnidad y por la participación de cofradías con estilos singulares que atraen a visitantes de toda la región.

Otra cita significativa es la Fiesta de la Aceituna, donde se rinde homenaje a la campaña de recolección anual. En estas jornadas se proyectan actividades culturales, concursos gastronómicos y exposiciones sobre la cultura del olivo que permiten profundizar en el valor patrimonial de este cultivo milenario.

Senderismo y naturaleza en los alrededores

El entorno natural de Baena dispone de espacios ideales para el senderismo y las actividades al aire libre. Las suaves colinas, los campos de olivar y la cercanía al Parque Natural de las Sierras Subbéticas proporcionan un mosaico de rutas señalizadas para ciclistas y senderistas.

Artesanía y productos locales

Más allá del aceite, Baena ofrece una tradición artesana basada en productos que reflejan la identidad local. Los talleres de cerámica, tejidos tradicionales y productos agrícolas transformados muestran el saber hacer de los artesanos del municipio.

Cultura, gastronomía y acogida

La gastronomía baenense es un reflejo de su historia y de sus recursos naturales. El aceite de oliva virgen extra es protagonista en casi todos los platos típicos, desde guisos tradicionales hasta ensaladas y tapas. Platos como el ajo blanco, los guisos de temporada y las recetas basadas en productos de la huerta muestran la cocina local en su forma más auténtica.

Conclusión: una experiencia completa

Baena es un destino turístico con múltiples capas. Su patrimonio arqueológico y monumental, su vinculación histórica con culturas milenarias, la fuerza de sus tradiciones y festividades y su reconocida cultura del aceite de oliva la convierten en un lugar imprescindible para quienes desean conocer el interior de Andalucía más allá de los circuitos habituales.

Para planificar un viaje, consultar recursos oficiales o informarse sobre actividades turísticas y culturales, puedes visitar la web de turismo de Baena y el portal institucional del Ayuntamiento.