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Autocine Madrid, de una idea “exclusiva y original” a un referente del ocio experiencial en Madrid

Cuando en 2016 entrevistamos a los impulsores de Autocine Madrid, el proyecto todavía sonaba a apuesta arriesgada. En una ciudad llena de cines, teatros, restaurantes y planes de fin de semana, la idea de recuperar el autocine parecía una rareza con estética americana: llegar en coche, aparcar frente a una gran pantalla y ver una película bajo el cielo de Madrid.

Entonces, los fundadores se presentaban con naturalidad: “Somos cuatro socios, David Alsina, Javier Espejo, Cristina Porta y Tamara Istambul”. Aquella frase resumía el punto de partida de un proyecto que nacía con perfiles complementarios y una idea muy clara: crear algo diferente en la capital.

El tiempo ha dado perspectiva a aquella intuición. Lo que empezó como un sueño empresarial se ha convertido en un modelo de ocio, cultura, gastronomía y eventos que ha sabido crecer sin perder el punto de partida: convertir la salida al cine en una experiencia.

El deseo de montar algo propio

En aquella primera entrevista, sus impulsores explicaban que el proyecto nacía después de años de trabajo por cuenta ajena y con el deseo de construir algo propio. No buscaban abrir una sala de cine más, sino encontrar un concepto distinto, algo “exclusivo, original” que no existiera en Madrid.

La inspiración venía inevitablemente del imaginario de las películas americanas. Para muchos españoles, el autocine era una imagen asociada a escenas de los años cincuenta, a coches clásicos, hamburguesas, pantallas gigantes y noches de verano. La clave fue entender que esa nostalgia podía trasladarse al presente si se adaptaba a los hábitos actuales del público.

El reto no era solo proyectar películas. Era crear un espacio en el que el espectador pudiera sentirse libre: ver cine desde su coche, elegir el volumen, cenar, ir con niños, con amigos o incluso con mascota. Ya entonces hablaban de un plan “apto para todos los públicos”, con la ventaja añadida de una frase que resumía bien la comodidad del formato: “Olvídate de buscar aparcamiento”.

De la promesa al recinto real

Los comienzos no fueron sencillos. Como ocurre con muchas iniciativas emprendedoras, la idea avanzó entre trámites, búsqueda de ubicación, permisos, inversión y mucho trabajo invisible. En la entrevista inicial ya reconocían que el proceso había sido complejo, pero también dejaban claro su carácter: “no nos gusta lo fácil”.

La apertura de Autocine Madrid en 2017 convirtió aquella promesa en realidad. Cristina Porta y Tamara Istambul, que hoy son las caras más reconocibles del proyecto, consolidaron un formato que unía cine, restauración y ocio al aire libre.

El coche se transformó en butaca privada y la pantalla gigante en el centro de una experiencia que iba mucho más allá de la película. La estética americana, los food trucks, el restaurante y el ambiente de plan especial fueron construyendo una identidad propia.

El cine como punto de partida

Uno de los grandes aciertos de Autocines ha sido entender que el cine podía ser el corazón del proyecto, pero no su único motor. En los primeros años, la programación de películas permitió dar a conocer el espacio y atraer a un público curioso. Pero la evolución natural llevó a sumar nuevas líneas de negocio.

Los fines de semana, formatos como Rita’s Brunch ampliaron el concepto hacia el ocio diurno, con comida, música en directo y propuestas para distintos públicos. A ello se sumaron eventos corporativos, fiestas privadas, rodajes, conciertos, festivales y acciones de marca.

Con el paso del tiempo, Autocine Madrid dejó de ser solo un lugar para ver una película y se convirtió en un recinto multifuncional, capaz de funcionar como espacio cultural, gastronómico y empresarial.

La pandemia y la capacidad de adaptación

La pandemia de 2020 fue un golpe durísimo para el sector del ocio, pero también supuso un punto de inflexión para el modelo del autocine. Mientras muchos espacios culturales permanecían cerrados o limitados, el formato permitía disfrutar de espectáculos desde el propio vehículo y al aire libre.

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Cristina Porta y Tamara Istambul han explicado después que aquella etapa exigió una enorme capacidad de reacción. Si algo ha marcado su trayectoria, han dicho en entrevistas recientes, es saber “darle la vuelta a la tortilla”.

Durante aquel periodo, Autocine Madrid no solo mantuvo la exhibición cinematográfica, sino que incorporó nuevos formatos compatibles con la situación: conciertos, teatro, eventos especiales y propuestas pensadas para recuperar el ocio sin perder la sensación de seguridad.

La pandemia confirmó algo esencial: la empresa no podía depender de una única actividad. La diversificación dejó de ser una posibilidad y se convirtió en estrategia.

Málaga, una prueba de expansión

En 2021, el proyecto dio el salto a Málaga. Aquella apertura sirvió para comprobar que el modelo podía adaptarse a otra ciudad y a otro público. Fue una etapa relevante en la trayectoria de la empresa, aunque no debe contarse hoy como una línea activa bajo la misma gestión.

Las propias fundadoras han explicado que, tras el interés de un fondo de inversión, terminaron vendiendo esa sociedad. La experiencia dejó una lectura clara: el modelo era replicable, pero el crecimiento debía hacerse con prudencia y con una estructura muy bien medida.

Desde entonces, el foco se ha concentrado principalmente en Madrid, donde Autocines ha seguido ampliando su papel dentro del ocio experiencial.

La gran evolución reciente del proyecto llega con The Lenovo GARAGE, un espacio cubierto, climatizado y preparado para grandes eventos. Esta infraestructura permite reducir la dependencia del clima y abre nuevas posibilidades durante todo el año.

Gracias a este nuevo espacio, Autocine Madrid puede acoger conciertos, ferias, presentaciones, eventos corporativos y producciones de mayor formato. Es el paso que confirma la transformación definitiva del proyecto: de autocine a gran recinto de ocio híbrido, con exterior e interior, cine y música, gastronomía y empresa.

Los datos recientes reflejan ese crecimiento. En 2025, Autocine Madrid cerró con una facturación superior a 5,5 millones de euros, más de 1,5 millones de visitantes y 230 eventos celebrados en sus instalaciones. Además, la actividad generó más de 240 puestos de trabajo anuales, entre directos e indirectos. Para 2026, la compañía prevé superar los 9 millones de euros de ingresos.

Una idea antigua convertida en negocio actual

La historia de Autocines demuestra que emprender no siempre significa inventar algo desde cero. A veces consiste en mirar una idea conocida, detectar por qué sigue emocionando y adaptarla a una nueva forma de consumir ocio.

Aquella entrevista inicial ya contenía muchas de las claves del camino posterior: diferenciación, libertad para el cliente, experiencia completa y voluntad de superar obstáculos. Lo que entonces podía parecer una apuesta arriesgada se ha convertido en una marca reconocible dentro del ocio madrileño.

Autocines ha crecido porque entendió que el público no buscaba solo una entrada de cine, sino un plan. Y porque supo transformar una imagen nostálgica —un coche frente a una pantalla gigante— en una empresa capaz de reunir cultura, gastronomía, eventos y comunidad.

Hoy, casi una década después de su apertura, Autocine Madrid ya no se explica solo como un lugar donde ver películas. Es un ejemplo de emprendimiento que ha sabido evolucionar, diversificarse y mantenerse fiel a una idea sencilla: convertir cada visita en una experiencia.

Fuente datos: Autocines Madrid, Diariocrítico,  Mujeres a Seguir; Forbes España y Europa Press
Fotos generadas con IA