Gandia y sus Fallas, fuego y fiestas a orillas del Mediterráneo - Evasión Diez
mayo 26, 2024
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Gandia y sus Fallas, fuego y fiestas a orillas del Mediterráneo

Por Juan José Iglesias

En la ‘Nit de la Cremà’ se desvelan los secretos del fuego, durante unas celebraciones que definen la tradición valenciana.

Gandia, una de las joyas del Mediterráneo, está bañada por las tibias aguas de este mar, y decorada con fina arena dorada. A día de hoy, es uno de los destinos turísticos más fascinantes de la Comunitat Valenciana, sin embargo ofrece mucho más que buenas playas. A nivel turístico destaca la Ruta de los Borja, que hace de ella una ciudad renacentista, pero sobre sus impresionantes Fallas, que cada año se celebran entre el 16 y el 19 de marzo, en honor a San José.

Las Fallas de Gandia representan la tradición valenciana en su máximo esplendor y se celebran desde el año 1876. Durante los días previos, las 23 comisiones montan y presentan estas obras de arte que arderán en la Nit de la Cremà, el día 19, momento cumbre de las fiestas, en el que la ciudad se llena de fuego, humo y música, y se ven arder los trabajos de los artistas, a lo que han dedicado todo el año.

Todas disponen de una falla grande y una infantil. Las dedicadas a los niños son ricas en detalles, por lo que son las preferidas por gran parte del público. Cada falla está representada por una reina, que encabeza las comisiones en esos días festivos de marzo, en los que los falleros y sus bandas de música visitan, a través de los pasacalles, el resto de fallas. El ninot más bonito, según un jurado especializado, adquiere el nombre de ninot indultad y se le perdona su quema en las llamas.

El centro de Gandia, un enclave para explorar

Explorar la ciudad es algo que los turistas disfrutan cada vez que visitan Gandia, para descubrir su opulenta historia, a través de su patrimonio. Cada uno de sus rincones, plazas y calles conducen a otro tiempo, en el que ilustres como Ausiàs March o Rois de Corella paseaban  por estas calles y la familia Borja convertía la ciudad en un gran ducado.

De esta forma, los viajeros que visitan por primera vez el centro histórico de Gandia perciben una atmósfera propia, con un preponderante patrimonio histórico y cultural que se ha sabido cuidar y poner en valor la recuperación de su legado y armonizarlo con el mundo contemporáneo, sin olvidar sus esencias.

El Palau Ducal dels Borja, declarado Bien de Interés Cultural en 1964, es uno de los edificios civiles más representativos del patrimonio histórico gandiense y valenciano. En pleno centro histórico, ha sido testigo del devenir de la historia de la capital de la Safor desde su nacimiento.

Otro de los grandes emblemas de la ciudad es la Colegiata de Santa María, una impresionante construcción de estilo gótico catalano-aragonés declarada Monumento Histórico Nacional y que se sitúa en el centro de la ciudad, a escasos pasos del ayuntamiento.

Un dato desconocido por la mayoría, es que el antiguo presidente del Atlético de Madrid, Vicente Calderón Pérez-Cavada y su esposa, María de los Ángeles Suárez, están enterrados en una cripta de la iglesia de Sant Nicolau, en el barrio del Grao. Fue un hombre que amó Gandia, y veraneaba asiduamente en la ciudad y, además, invirtió en el desarrollo del turismo de playa a través de la transformación urbanística del Grao.

Las playas de Gandia

La ciudad se caracteriza por la variedad de unas playas que no imaginamos antes de llegar. Playa Nord, la más emblemática, dispone de 3 kilómetros de longitud de arena fina y blanca, con todos los servicios y un fabuloso paseo que la recorre desde el puerto hasta el final de la arena.

Pero la playa de L’Ahuir al norte y las playas de Venècia y Rafalcaid al sur del Grao, confirman esta ciudad como una de las mejores experiencias de sol y playa que podemos disfrutar en nuestro país. Además, el arenal natural de l’Ahuir, en estado virgen a pesar del tiempo y el boom turístico, es una de las más exclusivas playas del litoral valenciano.

Planes turísticos, un viaje histórico gastronómico

Esta urbe del Levante español nos acoge tanto si la visitamos en familia, como en pareja o con amigos, pero siempre nos recibe con su magnificente Palacio Ducal, que da inicio a la Ruta de los Borgia. La cuna de la familia es el edificio con más historia de la ciudad, avalado por sus siete siglos de vida, en los que han dejado huella grandes personajes, el más ilustre, San Francisco de Borja. Declarado Bien de Interés Cultural allá por 1964, es uno de los ejemplos de arquitectura civil más emblemáticos e importantes del patrimonio arquitectónico y ornamental valenciano.

De la misma forma, si buscamos placeres más terrenales, podemos saborear una impresionante gastronomía que tiene como emblema la Fideuà, que adquiere su verdadero significado si la comemos frente al mar. Este plato originario de la ciudad y de la comarca de La Safor, es su receta estrella, gracias al origen que se atribuye a la población de este municipio y al afamado Concurso Internacional de la Fideuà de Gandia, nacido en 1975. Las crónicas relatan que su origen se sitúa en el primer cuarto del siglo XX, en una pequeña barca llamada Santa Isabel, con 6 marineros a bordo y un cocinero, Rodríguez Pastor, ‘Gabrielo el del quiosco del Grau de Gandia’, que la inventó en plena travesía.

Pero la diversidad gastro de la ciudad, nos brinda una oferta heterogénea, como el ‘esmorzaret’, típico brunch valenciano, con el que los gandienses recargan energías en su día a día. No se trata sólo de esa comida a media mañana, sino de un ritual que al mismo tiempo es punto de encuentro y puesta al día entre amigos, pero también homenaje a la cultura gastronómica de la región. Embutidos de renombrada calidad, tortillas variadas, figtells, ternera, bocadillos y la tradicional picaeta, nos harán chuparnos los dedos. Compuesta por aceitunas y encurtidos o ensalada, cacahuetes y altramuces, no debe faltar en nuestras reuniones, que siempre se acompañan con cerveza o vino con gaseosa. Y si nos gusta el tapeo, también podemos hacer la Ruta del Destapat.

La ciudad monumental y sus museos

Son incontables los espacios monumentales que ofrece esta urbe al visitante. Al margen o no, de la cita Ruta de los Borgia, es un enorme placer visitar el Palacio Ducal, en el que incluso podemos hacer un scape room, o los Tinglados y el Muelle Pesquero.

Pero nos esperan impertérritos la Colegiata de Santa María la Mayor, una magnificente construcción de estilo gótico-catalano-aragonés; el Monasterio de Sant Jeroni de Cotalba, que nos impresiona con su arquitectura, sus jardines y su torre gótica; o el Castell de Bairén, antigua fortificación del sistema defensivo de la Safor.

Y si eres de los que disfrutan con una buena exposición, será indispensable perderse en entre la oferta museística de la ciudad. La Fundación Graus Marins, donde podemos visitar la impresionante ‘Flota del Polit’ con sus fieles reproducciones de veleros y embarcaciones antiguas; el Arqueológico de Gandia (MaGa), cuya colección permanente se centra en la prehistoria de la comarca de la Safor; el Museo Santa Clara, que acoge una de las colecciones más importantes de arte religioso de la Comunitat; y el Museo Fallero, cuya fiesta fue declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Gandia, hecha ‘Experiencia’

La capital de la Safor es un enclave íntimamente relacionado con la música, gracias a sus ciclos de jazz, la diversidad de su oferta de conciertos y también de la cultura más contemporánea, a través de su amplia cartelera de teatro, cine, circo y otros espectáculos.

Pero son multitud las experiencias que nos ofrece la ciudad en sus calles, playas y alrededores. Podemos conocer el proceso de preparación del café más valenciano, el ‘cremaet’, en Cafés Climent. Aprender a ser fotógrafos de naturaleza en la playa de l’Ahuir, l’ullal del Duc o la zona del puerto; o vivir la ‘Náutica Team Experience’ con nuestro grupo de amigos o compañeros.

También tenemos catas sibaritas que nos enseñan todos los secretos de la elaboración de diversas cervezas locales, con la visita a la fábrica de La Picaeta Sibarita; hacer una excepcional masterclass de arroz, para aprender, entre otras, la receta de la paella de la Valldigna, o darnos una experiencia hedonista en pareja con maa habibi.

La naturaleza y el deporte rodean la ciudad

Si nos alejamos de la línea de playa y el Marjal, el escabroso relieve que circunda el municipio le confiere una personalidad única en contrastes, en el que destacan los parajes naturales de la Serra de la Falconera y Les Roques, el Molló de la Creu, el Macizo del Mónduver o el Valle de Marxuquera, entre otros. Un paisaje agreste en el que destaca su belleza natural y nos da la oportunidad de practicar gran cantidad de deportes.

De la misma manera, los amantes de la espeleología, o simplemente los turistas, pueden visitar la Cova Negra, la de Les Miravelles o la Cova del Parpalló, y otros lugares llenos de encanto como el Morabito. Y para los amantes de la naturaleza, en este caso al aire libre, tenemos la posibilidad de realizar actividades como el senderismo de montaña en el Paraje Natural Municipal Parpalló-Borrell, la Sierra de la Falconera o la Marxuquera. Sin olvidar deportes acuáticos como el remo, el surf, el Kite, kayax, piragua, motos acuáticas o pesca deportiva.

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