Fecha: 12 de septiembre de 2012 – Actualizado: 6 de septiembre de 2026
De las cavas subterráneas del Penedès a las tierras rojizas de Almendralejo, pasando por Requena y Aragón. Recorremos España siguiendo las burbujas, con bodegas que se pueden visitar, pueblos donde merece la pena detenerse y direcciones imprescindibles para organizar una escapada enológica.
Fotos generadas con IA / Foto portada shutterstock
El cava hace tiempo que dejó de ser únicamente la botella que aparece cuando llegan los postres en Navidad. Detrás de esas burbujas hay viñedos, galerías subterráneas, pueblos, gastronomía y más de 150 años de historia.
Y también una excelente excusa para viajar.
La D.O. Cava se distribuye actualmente en cuatro grandes zonas: Comtats de Barcelona, Requena, Viñedos de Almendralejo y Valle del Ebro. No forman una ruta lineal que podamos recorrer cómodamente en un fin de semana, sino cuatro escapadas diferentes para descubrir cómo cambia el cava según el paisaje donde nace.
Estas son algunas de las mejores paradas para hacerlo.

Primera parada: Sant Sadurní d’Anoia, el kilómetro cero del cava
Si hubiera que elegir dónde empezar la ruta, no habría demasiadas dudas: Sant Sadurní d’Anoia, a unos 40 kilómetros de Barcelona.
Aquí se elaboraron en 1872 las primeras botellas que están en el origen del cava moderno y el municipio sigue viviendo estrechamente ligado a esta bebida.
Lo más llamativo espera bajo tierra.
Durante las visitas se desciende a galerías donde miles de botellas reposan en oscuridad y a temperatura constante. De repente se comprende que detrás de una copa aparentemente festiva existen meses —y en ocasiones años— de silencio.
Bodegas que visitar en el Penedès
Codorníu es una de las visitas especialmente interesantes si además del vino atrae la arquitectura. Sus bodegas históricas fueron diseñadas por Josep Puig i Cadafalch y están declaradas Monumento Histórico-Artístico. Los recorridos incluyen las cavas subterráneas y diferentes degustaciones.
Web oficial y visitas: Codorníu – visitas
Muy cerca se encuentra Freixenet, situada prácticamente frente a la estación de tren de Sant Sadurní. Su visita permite seguir el proceso de elaboración y recorrer parte de sus instalaciones antes de terminar con una degustación. Existe incluso una modalidad combinada con el viaje en Cercanías desde Barcelona, lo que facilita hacer la excursión sin coche.
Web oficial y visitas: Freixenet visitas
Para completar el día, merece la pena acercarse al Cava Centre y después continuar hasta Vilafranca del Penedès para visitar VINSEUM o simplemente perderse por las carreteras secundarias entre viñedos.
Consejo de ruta: dos bodegas en un día son suficientes. Añadir cinco catas no mejora el viaje; probablemente lo contrario.

Segunda parada: Almendralejo, cava bajo el sol extremeño
El cambio de escenario es espectacular.
En Almendralejo, Badajoz, desaparecen las suaves colinas del Penedès y aparecen los horizontes abiertos, los olivares y las tierras rojizas de Tierra de Barros.
Es el único municipio extremeño incluido en la D.O. Cava y constituye una de las sorpresas más interesantes de esta ruta.
Bodegas que visitar en Almendralejo
Una parada con especial valor histórico es Bodegas Vía de la Plata, vinculada a los primeros cavas elaborados en Extremadura. Continúa produciendo mediante el método tradicional y dispone de instalaciones en Almendralejo. La propia D.O. Cava la incluye entre las bodegas de la zona Viñedos de Almendralejo.
Web oficial: Bodegas Vía de la Plata
Otra opción es Bodegas Romale, fundada en 1989. Su programa de enoturismo recorre la zona de elaboración y la sala de barricas y termina con degustación de vinos y cavas. Las visitas ordinarias se realizan con reserva y la bodega ofrece también experiencias con productos extremeños.
Web oficial y visitas: Bodegas Romale – enoturismo
Pero sería un error marcharse después de la cata.
Almendralejo cuenta con el Museo de las Ciencias del Vino, instalado en una antigua alcoholera, y la escapada tiene un aliado excepcional en la gastronomía: jamón ibérico, quesos, carnes, aceite de oliva y cocina extremeña.
Aquí las burbujas adquieren otro acento.
Tercera parada: Requena, cava entre cuevas y viñedos
La siguiente escapada nos lleva al interior de Valencia.
Requena tiene poco que ver con la imagen mediterránea de playas y naranjos. Estamos en un territorio elevado, de inviernos fríos, veranos secos y una antiquísima tradición vitivinícola.
Lo mejor es combinar las bodegas con el Barrio de la Villa, un laberinto de calles históricas bajo las que se esconde una sorprendente red de cuevas que durante siglos sirvieron como almacenes, silos y espacios relacionados con el vino.
Bodegas que visitar en Requena
Pago de Tharsys ofrece una experiencia especialmente completa porque permite recorrer viñedos, instalaciones de elaboración y cava subterránea. Actualmente programa visitas guiadas con degustación y productos locales, siempre con reserva previa.
Web oficial y visitas: Pago de Tharsys – enoturismo
Otra parada posible es Dominio de la Vega, en San Antonio de Requena. Sus experiencias incluyen viñedos, bodega, cavas y degustación, y requieren reserva anticipada.
Web oficial y visitas: Dominio de la Vega – enoturismo
Después toca volver a Requena y sentarse a la mesa. Sus embutidos, protegidos y estrechamente ligados a la tradición local, son una razón adicional para convertir la visita en una escapada de jornada completa o incluso de fin de semana.
Cuarta parada: Aragón y el Valle del Ebro, el cava que nadie espera
La zona del Valle del Ebro demuestra hasta qué punto el mapa del cava es más amplio de lo que imaginamos.
Aquí encontramos territorios de Aragón, Navarra, La Rioja y Álava normalmente asociados a otros tipos de vino. Precisamente por eso descubrir cava en estas comarcas tiene un atractivo especial.
Bodegas que visitar
En Calatayud, Bodegas Langa permite combinar cava, garnacha, paisaje e historia. La familia elabora vino desde 1867 y la bodega ofrece actualmente diferentes programas de enoturismo, desde visitas a las instalaciones hasta recorridos por viñedos y propuestas que incluyen la ciudad histórica de Calatayud.
Web oficial y visitas: Bodegas Langa – enoturismo
Otra posible parada se encuentra en Cariñena. Bodegas San Valero elabora vinos y cavas y ofrece visitas guiadas concertadas previamente. Es una buena excusa para descubrir un territorio que normalmente relacionamos con garnachas y tintos antes que con las burbujas.
Web oficial: Bodegas San Valero
Calatayud añade además patrimonio mudéjar, casco histórico y una gastronomía aragonesa capaz de justificar por sí sola la parada.

Cómo organizar una ruta del cava sin convertirla en una maratón
La clave está en viajar por el territorio y no únicamente de bodega en bodega.
Lo ideal es seleccionar una o dos visitas por día y reservar tiempo para pasear, comer y conocer los pueblos. La mayoría de las experiencias enoturísticas requieren reserva previa, por lo que conviene consultar siempre horarios y condiciones en la web oficial antes de viajar.
Primavera y otoño son probablemente las mejores estaciones. Durante la vendimia, a finales del verano y comienzos del otoño dependiendo de cada zona y del año, el paisaje adquiere además una actividad especial.
Y existe una última recomendación evidente: si hay cata, mejor dejar el coche aparcado o contar con alguien que no beba.
Un viaje que termina dentro de una copa
La gran sorpresa de esta ruta es comprobar que no existe un único paisaje del cava.
Puede nacer entre las colinas del Penedès, bajo el sol extremeño, junto a las cuevas de Requena o en tierras aragonesas recorridas por el cierzo.
El método tradicional une todos estos lugares, pero el clima, las variedades, el tiempo de crianza y la personalidad de cada territorio hacen el resto.
Quizá por eso la mejor manera de entender el cava no sea abrir una botella en casa.
Es viajar hasta el lugar donde empezó a llenarse de burbujas.
Mucho más que una cata: vivir el cava entre viñedos
Una de las cosas que más ha cambiado en los últimos años es la forma de visitar una bodega. El enoturismo ya no consiste únicamente en recorrer depósitos, bajar a la cava y terminar con una copa en la mano. Cada vez resulta más fácil convertir la visita en una experiencia de varias horas e incluso en el motivo principal de una escapada de fin de semana.
Según la época del año, algunas bodegas organizan paseos entre viñedos, actividades relacionadas con la vendimia, catas acompañadas de productos locales o recorridos en bicicleta por los caminos que atraviesan las viñas. No todas ofrecen las mismas propuestas ni durante todo el año, por lo que merece la pena consultar sus agendas antes de viajar.
El otoño tiene un atractivo especial. Después de la vendimia, las hojas de las viñas pasan del verde a tonalidades amarillas, ocres y rojizas y convierten territorios como el Penedès en uno de esos paisajes que invitan a abandonar el coche y caminar sin prisas. En primavera, en cambio, los días más largos permiten combinar fácilmente una visita a una bodega con rutas por pueblos y espacios naturales cercanos.
También ha cambiado la manera de catar. Una buena degustación no consiste en decidir simplemente si un cava “gusta” o “no gusta”. Resulta divertido comparar uno joven con un Reserva o un Gran Reserva y observar cómo cambia la burbuja, la textura y los aromas. Los de crianza prolongada pueden desarrollar recuerdos de pan tostado, frutos secos o bollería, mientras que los más jóvenes suelen mostrar un perfil más fresco y frutal.
Y queda otro experimento sencillo para hacer durante el viaje: probar el cava fuera del momento del brindis. Un Brut o un Brut Nature puede acompañar aperitivos, pescados, arroces, quesos o carnes blancas. Descubrirlo sentado ante una mesa, con los viñedos a pocos kilómetros, probablemente sea una de las mejores formas de entender por qué estas burbujas tienen mucho más recorrido que el que va de las doce uvas al primer brindis del año.






































