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Castro Vettón El Raso: el impresionante poblado celta de la Sierra de Gredos que guarda más de dos siglos de historia

Historia, naturaleza y arqueología se unen en el Castro Vettón El Raso, uno de los yacimientos de la Edad del Hierro más importantes de la Península Ibérica y uno de los castros mejor conservados de Europa. Situado en la localidad de El Raso, en Candeleda (Ávila), este enclave permite comprender cómo vivieron los vettones durante siglos en la vertiente sur de la Sierra de Gredos.


Textos: María Jesús López Verdejo y Evasión.  Fotos: María Jesús López Verdejo. Gestora Cultural Castro Celta El Raso. Ayuntamiento de Candeleda y El Raso.

Entre murallas, restos de viviendas y paisajes naturales dominados por robles y gargantas de agua, el lugar conserva la memoria de una sociedad que desarrolló su vida entre la agricultura, la ganadería y el comercio.

©Patrimonio y Cultura Castilla y León.

Los orígenes: de los celtas galos al poblado de El Castañar

Para entender el nacimiento del Castro Vettón El Raso hay que retroceder hasta el siglo V a.C., cuando un grupo de celtas galos conocidos como Eburones, procedentes de la desembocadura del río Rin, se asentó en las inmediaciones del actual pueblo de El Raso.

Su primer asentamiento fue el poblado conocido hoy como El Castañar, ocupado entre el siglo V y finales del siglo III a.C. La elección del lugar no fue casual: la zona ofrecía agua abundante, clima favorable, tierras fértiles, ganado y pequeñas minas de hierro, recursos fundamentales para su desarrollo.

En este poblado se halló uno de los elementos arqueológicos más relevantes del entorno: una necrópolis con alrededor de un centenar de tumbas. Gracias a ella se sabe que el rito funerario celta consistía en la cremación de los difuntos. Los ajuares encontrados indican una comunidad con una economía basada principalmente en la ganadería, la agricultura y el trabajo del metal.

Algunas tumbas destacan por la presencia de armas, joyas de oro y objetos importados del Mediterráneo, lo que evidencia que los vettones del sur de la Sierra de Gredos mantenían contacto con culturas más avanzadas que llegaban a la Península por el Mediterráneo. Este intercambio cultural resultó clave en su evolución social, urbana y comercial.

La destrucción de El Castañar y el nacimiento del Castro

Hacia finales del siglo III a.C., el poblado de El Castañar fue completamente destruido tras la llegada de los cartagineses a esta zona de la Península. Los supervivientes comprendieron que las zonas bajas eran demasiado vulnerables, especialmente ante el avance de los romanos.

Por ello, los habitantes de El Castañar y de otros poblados cercanos se trasladaron a una zona elevada, dando origen al Castro Vettón El Raso, ocupado entre finales del siglo III a.C. y mediados del siglo I a.C.

El enclave se eligió por su posición estratégica. Se sitúa en la vertiente sur de la Sierra de Gredos, que actúa como protección natural por el norte, y cerca de la Garganta de Alardos, con una amplia llanura al sur que permite una visibilidad de kilómetros.

Una impresionante fortificación defensiva

A pesar de la protección natural del entorno, el Castro fue rodeado por una muralla de aproximadamente dos kilómetros de longitud.

La estructura estaba construida con piedra de mampostería unida con mortero de barro y alcanzaba unos cinco metros de altura, a los que se añadía una empalizada de madera que elevaba la defensa hasta unos siete metros.

El grosor del muro oscilaba entre tres y cuatro metros, llegando a siete u ocho metros en las zonas de los torreones. En el lienzo sur se conservan tres puertas de acceso, una de ellas posiblemente la principal. Dos de ellas están diseñadas en forma de pasillo, una estrategia defensiva que permitía encerrar al enemigo en caso de ataque.

El sistema defensivo se reforzaba especialmente en el lado este, donde se levantaban dos torreones de vigilancia, conocidos como el Castillo y el Castillejo, además de dos grandes fosos defensivos.

El mayor de ellos discurre paralelo a la muralla por el norte y el este y alcanzaba aproximadamente 500 metros de longitud, diez metros de ancho y unos ocho metros de profundidad.

Cómo vivían los vettones dentro del Castro

Durante cerca de dos siglos, unas 3.000 personas habitaron el Castro Vettón El Raso.

  Monasterios de Suso y Yuso

La sociedad vettona mantuvo su economía basada en la agricultura, la ganadería y la metalurgia. El poblado estaba más o menos organizado urbanísticamente con algunas calles y casas de planta rectangular que oscilaban entre los 50 y los 150 metros cuadrados.

Las últimas prospecciones arqueológicas realizadas en 2024, lideradas por Victorino Mayoral Herrera, junto al Instituto de Arqueología de Mérida, han permitido comprobar que el Castro estaba prácticamente cubierto por construcciones. Se calcula la existencia de unas 754 casas, además de zonas de almacenamiento, talleres y espacios para el ganado doméstico.

Todas las viviendas compartían una tipología similar:

  • Base de piedra
  • Estructura interna de madera
  • Paredes de tapial
  • Techos de madera cubiertos con piornos

Algunas casas contaban con porche de entrada y un banco de piedra en la fachada.

El interior de las viviendas

Nada más entrar se encontraba el zaguán, utilizado como espacio de almacenamiento y zona de trabajo.

En el centro de la vivienda se situaba la estancia principal, conocida como el hogar, donde se encontraba el fuego elevado sobre un pequeño cuadrado de piedra. Era el espacio más importante de la casa: allí se cocinaba, se comía, se dormía y se desarrollaba la vida cotidiana.

Alrededor del hogar había habitaciones laterales destinadas al almacenamiento. En grandes vasijas se guardaban grano, agua, castañas o bellotas, mientras que carnes y quesos se colgaban para secarlos o ahumarlos.

El abandono del Castro tras la conquista romana

Tras casi dos siglos de ocupación, el Castro comenzó a abandonarse progresivamente.

Con la caída de Numancia en el 113 a.C., el avance romano se consolidó en la Península. Julio César obligó a las ciudades amuralladas que aún resistían a destruir sus murallas y trasladarse a zonas llanas.

Es probable que muchos de los habitantes del Castro se trasladaran a Caesarobriga, la actual Talavera de la Reina.

Los restos arqueológicos indican que el abandono fue gradual y pacífico, ya que los pobladores tuvieron tiempo de recoger sus pertenencias antes de marcharse.

Uno de los hallazgos más importantes del yacimiento es el llamado Tesorillo de Plata, compuesto por varias joyas y cuatro denarios acuñados por Julio César entre el 49 y el 44 a.C.. Estas monedas ayudan a fijar cronológicamente el inicio del abandono del Castro.

El proceso completo pudo durar unos 50 años, por lo que a comienzos de nuestra era el asentamiento ya estaba completamente abandonado.

Qué se puede ver hoy en el Castro Vettón El Raso

Actualmente se ha excavado aproximadamente entre el 5 % y el 6 % del Castro, mientras que alrededor del 50 % de la muralla es visible gracias a los trabajos de limpieza y consolidación realizados en 2022 con ayudas de CEDER y del Ayuntamiento de Candeleda y El Raso.

El yacimiento puede visitarse durante todo el año. Existen dos formas de recorrerlo:

  • Visitas guiadas con reserva previa 681 94 21 37
  • Visita libre y gratuita, ya que se encuentra en un espacio natural al aire libre

Las casas musealizadas, actualmente en proceso de reconstrucción, volverán a abrir próximamente dentro de las visitas guiadas.

Museo Arqueológico Municipal de El Raso

Para completar la visita se recomienda acercarse al Museo Arqueológico Municipal de El Raso, donde se conservan piezas procedentes del yacimiento.

El museo abre de miércoles a domingo de 10:00 a 13:45 y la entrada es gratuita.

Para más información sobre actividades y visitas se puede consultar:

El Castro Vettón El Raso se mantiene hoy como un testimonio excepcional de la cultura vettona, un lugar donde la arqueología, la naturaleza y la historia se combinan para explicar cómo vivieron estas comunidades celtas en el corazón de la Sierra de Gredos.