CONOCE ESPAÑA

Mijas Pueblo en tuk tuk: cuestas, leyendas y casas que miran al mar

Recorremos el casco histórico de Mijas Pueblo en tuk tuk, deteniéndonos en sus ermitas, miradores, plazas y murallas. Un paseo por uno de los pueblos blancos más conocidos de Málaga, donde hasta las macetas parecen seguir un código de vestimenta.

Por Evasión Diez

En Mijas Pueblo las calles no hacen concesiones. Suben, giran, se estrechan y vuelven a subir entre fachadas encaladas, tejados de terracota y macetas azules. Aquí el GPS puede orientar, pero son las pantorrillas las que terminan tomando las decisiones.

Por eso comenzamos nuestro recorrido en tuk tuk. No para ahorrarnos completamente las cuestas, algo casi imposible en Mijas, sino para comprender cómo se organiza este pueblo construido sobre la ladera de la sierra y asomado al Mediterráneo.

El casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1969, conserva un trazado de origen árabe adaptado al terreno: las calles principales siguen las curvas de nivel y las transversales afrontan pendientes mucho más pronunciadas.

El Compás, la primera mirada al Mediterráneo

El recorrido parte del entorno de la avenida del Compás, donde se encuentra la parada de los tuk tuks y uno de los principales accesos al casco antiguo. Desde aquí, Mijas comienza a desplegarse como un anfiteatro blanco sobre la Costa del Sol.

La primera parada imprescindible es el Mirador del Compás, situado junto a la ermita de la Virgen de la Peña. La panorámica explica en pocos segundos la geografía del pueblo: la sierra a la espalda, las casas descendiendo por la ladera y el Mediterráneo ocupando el horizonte.

Pero lo verdaderamente singular está excavado en la roca.

Una ermita tallada en la montaña

La ermita de la Virgen de la Peña fue excavada por un monje carmelita durante la segunda mitad del siglo XVII. En su interior se encuentra la imagen de la patrona de Mijas.

Según la tradición local, la imagen fue descubierta en 1586 por dos niños pastores. Una paloma los habría guiado hasta el lugar donde permanecía escondida. En Mijas, hasta las leyendas conocen los mejores miradores.

La devoción a la Virgen de la Peña continúa formando parte de la identidad del pueblo. Las fiestas celebradas en torno al 8 de septiembre están dedicadas a la patrona y constituyen una de las principales citas del calendario local.

Los burros taxi: del trabajo en el campo a símbolo turístico

Cerca del Compás aparece una de las imágenes más conocidas de Mijas: los burros taxi. Lo curioso no es únicamente la posibilidad de recorrer el pueblo sobre un burro, sino la historia que explica cómo nació esta costumbre.

A comienzos de la década de 1960, algunos trabajadores regresaban a sus casas montados en estos animales, utilizados entonces para las tareas agrícolas y el transporte. Los primeros turistas comenzaron a pedirles fotografías y pequeños paseos. Las propinas llegaron a superar los salarios de aquellos trabajadores y una escena cotidiana terminó convirtiéndose en servicio turístico.

La estampa, sin embargo, ya no se contempla con la misma inocencia. El servicio ha provocado protestas y críticas de colectivos animalistas, especialmente por las condiciones de trabajo de los animales durante los meses más calurosos. El Ayuntamiento mantiene ordenanzas y limitaciones específicas ante los avisos por altas temperaturas.

Nosotros continuamos el recorrido en tuk tuk, una alternativa que permite avanzar por las pendientes y detenerse junto a los principales monumentos.

El Carromato de Mijas, más de medio siglo mirando lo diminuto

Muy cerca de la parada de los tuk tuks se encuentra otro de los clásicos de Mijas Pueblo: el Museo de Miniaturas, conocido durante décadas como el Carromato de Max. Su apariencia ya anticipa que no estamos ante un museo convencional. La colección se expone en un antiguo carromato de madera y chapa que parece haber llegado de otra época.

El museo fue inaugurado en mayo de 1972, por lo que lleva más de medio siglo despertando la curiosidad de varias generaciones. Yo misma lo visité por primera vez cuando tenía seis años. Ahora tengo 52 y todavía recuerdo la extrañeza de asomarme a aquel universo de objetos casi imposibles.

La colección fue reunida por Juan Elegido Millán, conocido artísticamente como el Profesor Max, un personaje difícil de encasillar que ejerció como maestro, practicante, periodista, hipnotizador y mago autodidacta. Sus viajes por distintos países le permitieron reunir piezas diminutas y objetos insólitos procedentes de diferentes lugares del mundo.

Entre sus piezas más conocidas se encuentran unas pulgas disecadas y vestidas, una bailarina tallada en un palillo de dientes, una batalla naval realizada sobre la cabeza de un alfiler y una reproducción de La última cena pintada en un grano de arroz. Hay que acercarse mucho para verlas y, en algunos casos, recurrir a lupas y dispositivos de aumento.

Quizá ahí reside el secreto de su permanencia. Mientras fuera Mijas se contempla desde amplios miradores abiertos al Mediterráneo, dentro del Carromato el viaje se realiza en dirección contraria: hay que reducir el mundo hasta que pueda caber en una lenteja, un alfiler o un grano de arroz.

Un pueblo que se toma muy en serio sus macetas

A medida que el vehículo se adentra en el casco antiguo, el espacio comienza a encogerse. El coche no gobierna estas calles. Hay tramos estrechos, curvas cerradas y accesos complicados, por lo que resulta habitual estacionar en los aparcamientos situados en la entrada y continuar a pie.

El blanco domina las fachadas, el color terracota aparece en tejados y pavimentos, y el azul se repite en macetas y detalles decorativos. No es una combinación casual. La protección del conjunto histórico implica conservar una estética homogénea y evitar elementos que alteren su arquitectura tradicional.

Durante el recorrido nos explicaron que parte del cuidado de las macetas y del embellecimiento urbano se ha vinculado a programas municipales de empleo para personas desempleadas. El Ayuntamiento ha desarrollado durante años actuaciones para recuperar flores, encalar fachadas, ocultar cableado y retirar elementos que rompen la imagen del pueblo blanco.

Aquí las flores no son un añadido. Forman parte de la arquitectura.

La plaza de la Constitución y una fuente nacida de una riada

El tuk tuk se detiene cerca de la plaza de la Constitución, uno de los espacios más agradables del centro. A simple vista, su fuente de mármol y sus bancos parecen limitarse a cumplir una función ornamental. Sin embargo, guardan la memoria de uno de los episodios más dramáticos de Mijas.

El 2 de noviembre de 1884, una tromba de agua cayó sobre la sierra y provocó una riada que destruyó numerosas casas y causó la muerte de varios vecinos y animales. La fuente y los bancos fueron construidos con las piedras arrastradas por aquella avenida.

En Mijas, hasta el mobiliario urbano cuenta historias.

Plaza de la Libertad: la memoria del pueblo

La ruta continúa hacia la plaza de la Libertad, donde se encuentran la pequeña ermita de San Sebastián y la Casa Museo de la Villa.

Esta última ocupa el antiguo Ayuntamiento y reconstruye la vida cotidiana de la localidad antes de que el turismo transformara la Costa del Sol. Utensilios agrícolas, molinos de aceite, una bodega, una cocina tradicional y antiguos oficios ayudan a entender que Mijas fue, antes que destino turístico, un pueblo ligado al campo y a la sierra.

Una de sus historias más sorprendentes es la de Manuel Cortés Quero, conocido como el Topo de Mijas, que permaneció oculto durante tres décadas después de la Guerra Civil. El museo conserva una recreación del dormitorio donde se escondió.

Durante el trayecto también nos hablaron de la continuidad familiar del casco antiguo. Muchas viviendas han pasado de padres a hijos, lo que ha permitido que numerosos vecinos mantengan una relación directa con la historia y las costumbres del pueblo.

  MURALLA ROMANA DE LUGO

Mijas ha cambiado, pero no se ha desprendido completamente de quienes la recuerdan antes de las tiendas, los miradores y los autocares.

La muralla y la iglesia construida alrededor de una torre

En la zona alta aparece el Paseo de las Murallas, levantado junto a los restos del antiguo recinto defensivo árabe. Sus jardines y balcones naturales ofrecen algunas de las mejores vistas de la costa.

Junto a ellos se encuentra la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción. Su construcción comenzó durante la segunda mitad del siglo XVI y terminó hacia 1631. El campanario tiene una particularidad: originalmente fue una torre de vigilancia y terminó integrado en el templo.

Por encima del caserío se distingue también la ermita del Calvario, rodeada por los pinares de la sierra. Se llega hasta ella mediante un camino marcado con cruces de hierro por el que discurre un vía crucis durante la Semana Santa.

Una plaza de toros que no parece una plaza de toros

La siguiente parada desconcierta. Desde el exterior, la entrada de la plaza de toros de Mijas parece la fachada de otra casa blanca. Nada anuncia que detrás se esconde un pequeño coso construido sobre la roca.

Fue levantado en 1900 a petición de un grupo de vecinos y posee una peculiar forma ovalada, poco habitual en España. Durante décadas se celebraron encierros en los que los novillos atravesaban el pueblo después de llegar a pie desde la vega de Málaga.

Los jóvenes corrían delante de ellos utilizando sus piernas y, cuando la situación se complicaba, alguna ventana cercana. Aquellos encierros ya no se celebran.

Con el tiempo, el recinto ha acogido también espectáculos de flamenco y actividades vinculadas a las fiestas locales. Muy cerca, el Auditorio Municipal de los Jardines de la Muralla concentra buena parte de la programación cultural del verano y alberga el Festival de Teatro Villa de Mijas.

Picasso también se esconde entre las calles blancas

Mijas Pueblo guarda otra sorpresa que no resulta evidente desde sus miradores. En el número 28 de la calle Málaga se encuentra el Centro de Arte Contemporáneo de Mijas, el CAC Mijas, instalado en dos casas del siglo XIX rehabilitadas.

Su fachada encalada se integra con tanta naturalidad en el casco histórico que resulta fácil pasar de largo sin sospechar lo que contiene. Tras ella se conservan fondos de más de 700 obras de artistas como Picasso, Dalí, Braque, Miró y Foujita, además de autores españoles del siglo XIX.

La gran protagonista es la exposición permanente dedicada a Picasso. El centro reúne cerámicas, litografías, linóleos, grabados y esculturas del artista malagueño. Su colección de cerámica está considerada por la institución como la segunda colección permanente de cerámicas de Picasso más importante del mundo, después de la del museo parisino.

El museo cuenta con tres salas distribuidas en dos plantas. Una está dedicada permanentemente a Picasso, otra acoge muestras temporales y la tercera conserva obras de Salvador Dalí. No todo en Mijas son macetas, burros y panorámicas: también hay que entrar en sus casas para encontrar arte del siglo XX.

Un Ayuntamiento que crece hacia abajo

Cerca del Compás aparece la actual Casa Consistorial de Mijas, un edificio que parece mucho más pequeño de lo que realmente es. Fue construido en 1987 por el arquitecto Antonio Herrezuelo, siguiendo un estilo andaluz pensado para integrarse en la estética del pueblo blanco.

La clave está en el desnivel. Desde la plaza solo se distinguen dos plantas, mientras que buena parte de las dependencias municipales se distribuyen hacia abajo, siguiendo la pendiente del terreno. De este modo se consiguió levantar un edificio amplio sin romper el perfil de casas bajas del casco histórico.

Su construcción exigió soluciones poco habituales para la época. El edificio se asentó sobre un talud mediante pilotes de unos veinte metros de longitud y un sistema que funciona como muro de contención. Por fuera mantiene las proporciones de Mijas; por dentro, se despliega ladera abajo.

Además de las oficinas municipales, el interior alberga un gran patio cubierto, el salón de actos y el Patio de las Fuentes, utilizado como espacio expositivo. Es uno de esos edificios que explican cómo Mijas intenta crecer sin aparentar que crece.

Volver a recorrer Mijas, esta vez andando

El tuk tuk permite hacerse una composición general del pueblo, localizar los principales monumentos y superar sin demasiado esfuerzo sus pendientes más exigentes. Pero Mijas pide una segunda vuelta a pie.

San Sebastián y Málaga, las calles que resumen el pueblo

Para conocer el Mijas más reconocible hay que abandonar durante un rato el tuk tuk y adentrarse en dos de sus vías más emblemáticas: la calle San Sebastián y la calle Málaga. Están muy cerca una de otra, pero cada una muestra una cara distinta del casco histórico.

La calle San Sebastián es probablemente la imagen que muchos tienen en la cabeza cuando piensan en un pueblo blanco andaluz. Es estrecha, empinada y está flanqueada por casas encaladas, rejas, tejados de terracota y macetas que ponen las notas de color. La propia web turística municipal la define como una de las calles más pintorescas y fotografiadas de la Costa del Sol.

Al comienzo de la calle se encuentra la ermita de San Sebastián, construida a finales del siglo XVII junto al antiguo Camino de Málaga. En su fachada destaca un reloj instalado en 1902, un detalle fácil de pasar por alto cuando la atención se dispersa entre flores, balcones y fachadas blancas.

A pocos pasos aparece la calle Málaga, heredera de aquel antiguo camino que comunicaba el pueblo. Es una vía más concurrida, con comercios y establecimientos instalados en edificios que mantienen la estética tradicional. También conduce hasta el Centro de Arte Contemporáneo de Mijas, situado en el número 28.

Ambas calles forman parte habitual de los recorridos y celebraciones que atraviesan el centro histórico. El Ayuntamiento las incluye entre los enclaves más representativos del pueblo junto con la plaza de la Constitución, el Compás y el Paseo de la Muralla.

San Sebastián ofrece la fotografía; Málaga invita a seguir caminando. Entre las dos resumen bastante bien la personalidad de Mijas: un pueblo que conserva el aspecto de siempre, aunque tras sus fachadas aparezcan museos, comercios y una intensa vida cultural.

Conviene regresar despacio a la plaza de la Constitución, desviarse por las calles menos transitadas y detenerse en aquellos rincones donde las macetas ocupan más espacio que los carteles.

Porque Mijas Pueblo no se visita en línea recta. Se sube, se baja, se dobla una esquina y se vuelve a subir. Y cuando parece que el recorrido ha terminado, aparece otra calle blanca desde la que el Mediterráneo vuelve a colarse entre los tejados.

Mas información en Turismo de Mijas