ENTREVISTA Revista

«Pitingo y punto»

Conocí a Pitingo hace bastantes años ya, era un crío al que siempre le pedían cantar…solo necesitaba estar sentado en una mesa y empezar a golpearla con los nudillos haciendo ritmos que casi siempre eran muy flamencos… Ahí comenzaba la magia y todo el mundo se quedaba en silencio viendo y escuchando cómo combinaba ritmo y voz… Voz que ya anunciaba que no solo era flamenco… 

Al final pasó lo que pasó… 

Por Teo Cardalda
Fotos: Evasión

TEO: Cuando parecía que todo estaba inventado, surgiste tú con la «Soulería». ¿Cómo nació este concepto?

Pitingo: Fue algo muy simple, no fue un producto de una discográfica ni de una multinacional que decidiera unir estilos. 

Yo nací en una casa gitana, me crié rodeado de gitanos y de payos, pero a los 9 años escuché cantar a Aretha Franklin y eso cambió mi vida. Empecé a escuchar a Otis Redding, Sam & Dave y gospel, aunque al principio no sabía que eran negros porque las cintas no tenían portada.

Cuando me enteré que eran negros, me interesé mucho por toda su cultura y vi algo relacionado con los gitanos: un nexo importante a la hora de sentir y cantar. Aunque los melismas y armonías no tienen nada que ver, sí coinciden en la transmisión; son dos pueblos que hemos sufrido mucho y eso se nota al cantar. 

También rítmicamente, ya que sin guitarra ni nada hacemos música. Solo con un nudillo en la mesa, hacemos música. Ese fue el nexo que encontré y después empecé a escuchar gospel, soul… Y “Pitingo y Punto” va mucho de eso, de esa multiculturalidad en  la que yo he crecido. 

T: El nombre «Soulería» es muy acertado

Pitingo: El nombre fue cosa de Enrique Morente y del productor José María Gamboa. Yo ya hacía soul y soul flamenco, pero no tenía nombre. 

Estábamos buscando cómo llamarlo y empezaron: «Soul por bulería», «Sol bulería»… hasta que dijeron «Soulería», y ahí quedó. Ahora es parte de mi identidad; la soulería está tatuada en mí y yo en ella, no podemos estar el uno sin el otro.

T: Llevas 8 años mezclando ritmos latinos, africanos… ¿Qué te queda por mezclar?

Pitingo: Me queda muchísimo por mezclar, es como la cocina. Llevo mucho tiempo pensando en mezclar algo con música hindú. Escucho cantar a personas hindúes y parecen gitanos y físicamente; históricamente se dice que venimos de la India. 

Me apetece hacerlo porque ya he cantado en árabe con una de las princesas de Jordania, que es muy difícil pero quedó precioso con Dorantes al piano. Ahora estoy en un punto donde podría hacer algo incluso con música japonesa o china, siempre que no quede forzado.

T: Hablando de futuro, no sacas disco desde 2021. ¿Hay nuevos proyectos a la vista?

Pitingo: Sí, ya hemos grabado un disco nuevo en directo en México con una banda maravillosa de 40 personas, que saldrá si Dios quiere el año que viene, dentro de poco.

  Juan Mari Montes

Además, estoy haciendo otro disco de estudio y también estamos preparando un documental, estamos con varias cosas.

T: ¿Cómo es tu proceso para elegir las canciones?

Pitingo: Lo primero es que me erice la piel y me transmita algo, que cuando escuche la letra dentro de lo que yo tenga inglés, tenga un sentido y yo pueda adaptar esa canción al español y tenga sentido.  Respeto mucho la esencia; hay estribillos del soul, como en las canciones de Aretha Franklin o el «What a Wonderful World», que no se pueden cambiar. Busco que la adaptación quede bien poéticamente en español.

Por ejemplo, con «Don’t Worry, Be Happy», Bobby McFerrin me denegó el permiso dos veces. Le dije que había hecho una traducción adaptando el mensaje para crear una canción nueva con su mensaje, se la mandé y finalmente me dijo «ahora sí». Stevie Wonder me hizo lo mismo.

T: De todo tu repertorio, ¿hay alguna canción a la que guardes un cariño especial?

Pitingo: Destacaría la que le escribí a mi hijo Manuel, titulada «Y Llegó Manuel, Momento Papá». Él canta conmigo en esa grabación, al principio y al final, cuando tenía solo 18 meses. 

Ahora tiene 14 años y quiere grabar más; estamos grabando otra cosa juntos. Parece que viene un «Pitinguito 2.0».

T: Cuéntanos sobre tu espectáculo actual, «Pitingo y Punto»

Pitingo: «Pitingo y Punto» es un recorrido de toda mi vida personal y profesional, con el que llego a decir: este soy yo. Esto es lo que soy, para el que me quiere y para el que no, para el que todavía no me conoce…

Muestro a un Pitingo más maduro y tranquilo, pensado para teatros y auditorios porque quiero hablar con el público, contar anécdotas, el por qué he llegado hasta aquí… Y romper esa barrera entre artista y espectador.

T: En los teatros la gente se anima también

Pitingo: Al final te tienes que levantar a bailar. Hace poco en el Palau de Valencia, que es un sitio serio, acabaron todos bailando como locos. 

T: ¿Cada concierto va a ser diferente?

Cada concierto es diferente; puedo tener preparadas 50 canciones y voy cambiando el repertorio en función del primer aplauso y del estado de ánimo y del público.