Septiembre 25, 2022

AVEIRO, una localidad encantadora en un entorno único

En la costa portuguesa, a orillas de la Ría de Aveiro, se sitúa la ciudad homónima conocida como la “Venecia Portuguesa”.  Una pequeña localidad marinera con canales, por donde navegan los peculiares “moliceiros”. Con un atractivo casco histórico, una deliciosa gastronomía, largas playas y un agradable clima, es una de las ciudades con más encanto de Portugal que hay que conocer.

Por Nuria Araguás y A.B.S. 
Fotos ©evasión

Aveiro es la capital del Distrito de Aveiro, uno de los 18 distritos que conforman Portugal, situado en el centro de la costa oeste. A una hora por carretera dirección norte, se encuentra la ciudad de Oporto, y, a la misma distancia dirección sur, Coimbra, siendo una visita ineludible desde ambos puntos. Si bien, pernoctar un dos o tres días es aconsejable para disfrutar placenteramente de los fascinantes rincones que tiene Aveiro.

Desde el siglo XX, Aveiro tuvo una economía muy favorecida por las salinas, la pesca y el comercio, que atrajo a una burguesía adinerada que propició la construcción de edificios de arquitectura modernista o Art Nouveau. La producción de sal fue muy importante, aunque con el paso del tiempo ha ido disminuyendo. Actualmente se hacen visitas guiadas por las salinas, para conocer de primera mano los secretos tradicionales de la producción de sal en un entorno sorprendente.

Al ser una ciudad pequeña es cómoda y fácil de recorrer. Son tres los canales que cruzan el centro de Aveiro. El Canal Central que es el eje de referencia, y se prolonga hacia el Canal do Cojo. La bifurcación hacia el noroeste del Canal Central es el Canal de Sao Roque que separa a las salinas, y hacia el suroeste el Canal del Paraíso.

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El margen derecho del Canal Central es donde se desarrolla la vida de la ciudad ofreciéndonos interesantes monumentos e iglesias. En la orilla izquierda encontramos admirables edificios de Art Nouveau, el Mercado de Pescado, y el tradicional barrio de Beira Mar, un emblemático barrio de pescadores donde antiguamente se ubicaban los almacenes de sal.

El Canal do Cojo finaliza en el Lago da Fonte Nova a cuyas orillas destaca la antigua Fábrica de Cerámica Jerónimo Pereira Campos. Un bello ejemplo de la arquitectura industrial de ladrillo. 

Por los canales, navegan los característicos barcos “moliceiros”, barcazas típicas que recuerdan a las góndolas venecianas. Antaño se desplazaban con una pértiga o a vela, en la actualidad, van a motor y en breve se convertirán en eléctricos. Se utilizaban para transportar el «moliço», un alga que servía como abono y también para el transporte de la sal. Hoy en día realizan paseos turísticos que nos enseñan la ciudad desde al agua. Están pintados de vivos colores, con representaciones en la proa y en la popa de escenas de la vida cotidianas, en su mayoría con un carácter erótico, en alusión al carnaval veneciano. Hay otro tipo de barco que surcan los canales, el “mercantel”, más clásico y no tiene la proa curvada. Se utilizaba para transportar mercancía.

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Por otro lado, es una ciudad llana e ideal para recorrerla en bicicleta y goza de un apacible clima durante gran parte del año.

Aveiro tiene una variada gastronomía de productos provenientes del mar y de la ría. Son célebres la calderada de anguila, el pescado (en el que predomina el bacalao) y el marisco. La empresa Ostraveiro realiza visitas guiadas por la producción de ostras, berberechos y almejas, así como la degustación en el entorno de la Ría da Aveiro. Al restaurante, situado al otro lado de un lagunar, se accede solo en barca. Toda la información en  www.ostraveiro.com

En la repostería, uno de los símbolos de Aveiro: los famosos "ovos moles". Es un dulce de yema de huevo, que se vende envuelto en obleas a modo de pastelito alternando formas del mundo marino o también se puede tomar al gusto, al introducir el selecto ingrediente en unos barriletes de madera que resultan muy decorativos. Otro típico son las llamadas “tripas” que parecidos a las crepes, se venden con diferentes rellenos y que generalmente encontramos en los puestos callejeros. 

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Os relatamos nuestra experiencia en Aveiro, saliendo desde Madrid en vehículo propio a principios del mes de junio. Un viaje que por la autovía nos llevó unas 4 horas y media aproximadamente. Nos alojamos en el Hotel Meliá Ria & Spa, ubicado frente a un lago artificial formado en el canal de la ría. Un emplazamiento muy agradable con vistas al lago por donde se ven a los “moliceiros” pasar. Se halla a poca distancia del casco histórico y de la estación de tren. Aconsejamos mirar los precios del hotel, ya que en general Portugal resulta bastante asequible en comparación con otras ciudades europeas, y más si vas fuera de temporada. 

En la misma recepción, nos hicieron la reserva de dos bicicletas eléctricas para los dos días siguientes, que a continuación recogimos en una tienda del casco histórico llamada Biclaria. www.biclaria.pt. En la tienda nos instruyeron sobre las rutas en bicicleta en la ciudad y sus alrededores, con el GPS de una aplicación móvil que nos descargamos. 

De todas maneras, Aveiro ofrece las bicicletas “BUGA” (bicicletas de utilización gratuita) en la Praça do Mercado, en el Canal do Cojo. Muy sencillo y fácil de encontrar, en el que solo tendrás que dejar el DNI.

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Entrada la tarde, nos aconsejaron recorrer precisamente por la hora, las llamadas “Pasarelas de Aveiro” que encontramos siguiendo las orillas del canal de San Roque.

Se trata de un conjunto de 7 Km de senderos y pasajes de madera instalados sobre la Ria de Aveiro. Pedaleamos sobre los juncos, atravesamos pequeñas lagunas, puentes y caminos arbolados de grandes helechos. Viejas barcas varadas decoran el panorama presentando un bucólico paisaje para la contemplación y el relax. “Las Pasarelas” o “Pasajes” de Aveiro son el lugar perfecto para explorar parte de la Ría, un extraordinario ecosistema rico en aves y vegetación. Este lugar es un imprescindible y fue una experiencia memorable. Mejor en bicicleta y al atardecer. 

De vuelta por las orillas del Canal de San Roque, fuimos deleitándonos con la fotografía de los dos puentes que lo atraviesan: el Puente de Carcavelos o Puente de los enamorados, construido bajo el primitivo, que colapsó en 1942, y el Puente del Lazo. Este último, un original puente circular que une cuatro orillas que se forman en el cruce de dos vías de agua. Al otro lado, el Barrio Beira Mar, el barrio de los pescadores. 

Beira Mar es una de las zonas más visitadas y animadas. Con un pasado marinero, cautiva por sus viejos almacenes de sal, casas pintorescas y una plaza de terracitas y restaurantes de pescado y marisco en torno al canal. En la plaza se encuentra el Mercado de pescado que abre cada día ofertando producto fresco. Callejeamos contemplando los edificios modernistas en contraste con los más humildes, así como varias Iglesias. Calles llenas de encanto, no solo por la vistosa calzada portuguesa, adoquinada con representaciones símbolo del municipio (un barco moliceiro, peces, olas…), sino también por las atractivas fachadas de azulejos que en su daban cuenta del acaudalado propietario. El motivo de estas baldosas en los exteriores era el deterioro que sufría la pintura a causa de la humedad y que solo se podían permitir los más pudientes. Esta barriada es una de las más emblemáticas de Aveiro. Nos sentamos en la terracita de un restaurante a degustar mejillones, pulpo rebozado y unas gambas al ajillo con una refrescante cerveza portuguesa, la Sagres.

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Hacemos algunas recomendaciones: para marisco recomendamos el restaurante A Nossa Casa, en Rua do Gravito 10 y para los degustar platos de bacalao el restaurante Bacalhau&afins en la Rua de João Afonso.

Disfrutamos enormemente pedaleando por el Canal Central camino al Hotel, que, aunque poco iluminado, fue apacible e idílico. Los puentes que lo atraviesan se hallan cargados de cintas de colores que encierran el mismo significado que los candados de los puentes de Venecia, pero dan menos problemas. El efecto de las cintas al viento resulta festivo. 

La primera tarde-noche fue maravillosa y bien aprovechada. Dejamos cargando las bicis en la recepción del Hotel. El día siguiente un guía que nos enseñaría todo Aveiro. En bicicleta por supuesto. 

Ya que frente al hotel había una parada de moliceiro, y con el guía quedaríamos más tarde, aprovechamos para subirnos a estos atractivos barcos de colores a descubrir los canales. El trayecto dura 45 minutos, cuesta 14 euros por persona y realiza una parada en el canal principal, donde recoge a más gente. Navega por el Canal Central, el canal de San Roque, y el Canal do Cojo hasta la antigua fábrica de cerámica. Durante el trayecto, pasamos bajo los llamativos puentes y contemplamos las orillas de los románticos edificios de Art Noveau. Nos comentan algunas historias y varios puntos del trayecto. Dar un paseo en un “moliceiro” es algo que hay que experimentar y que nos deja otros planos de la ciudad.

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Degustamos un menú de pescado en el restaurante local Mestre do Leme, que nos ofreció comida casera, un buen servicio, precio-calidad y abundante ración. A las 15.30h nos reunimos con Paulo, el que sería nuestro guía, en el centro de bicicletas BUGA. Comenzamos el recorrido circulando hacia el lago artificial, una de las zonas más pudientes de Aveiro, destacando el Hotel Meliá y la Antigua Fábrica de Cerámica, un imponente edificio de ladrillo rojizo con una gran chimenea, que actualmente funciona como Centro de Congresos, escuela y oficina administrativa. 

Nos detuvimos que hacernos la tradicional fotografía en las escaleras adyacentes “I love Aveiro” y nos dirigimos a la Catedral, instalada en un antiguo Convento Dominico masculino que se hallaba dentro de las murallas. Tiene un pórtico barroco con dos columnas a cada lado y una torre que conserva el campanario original que data de 1860. En su interior se pueden apreciar varias capillas, representaciones pictóricas en azulejos y un órgano del siglo XVII.

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Contiguo, el Museo de Santa Joana, patrona de Aveiro. Se halla ubicado en uno de los principales edificios de la ciudad, en el Convento de Jesús de la Orden femenina Dominicana del siglo XV. Hija del Rey D. Afonso V, la Princesa Joana, a pesar de su belleza, pretendientes y consecuente disgusto del Rey, ingresó en este convento en 1472, para llevar una vida de santa. Fue beatificada en 1693. El convento ganó popularidad debido a la presencia de la Princesa Santa Joana y a su culto religioso. Este Museo sacro alberga el sarcófago de la Santa, una de las tumbas nacionales más bellas, así como una importante colección de obras de pintura, escultura, azulejos y joyería a lo largo del recorrido por el silencioso espacio dominico.

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Según cuenta la leyenda, la princesa cuidó con mucho amor y mimo el jardín del Convento. A su muerte la naturaleza la acompañó: a medida que el féretro atravesaba el jardín, las flores se deshojaron y los árboles cayeron. Una vez en el exterior, podemos observar la calzada adoquinada salpicada de flores en representación de este hecho. Frente al convento, se encuentra la estatua de la Santa Joana.

Continuamos al Parque de Infante D. Pedro, construido en 1862 al lado del Convento de San Antonio. Constituye el principal y más placentero parque de Aveiro. Alberga un lago rodeado de vegetación, flores y fuentes, perfecto para deleitarse y desconectar. Repleto de románticos rincones, es una ruta en bicicleta que no te puedes perder. Al otro lado de la carretera se encuentra el Parque da Baixa de San Antonio, otro extenso jardín, en esta ocasión de hierba y con equipamientos para la práctica del deporte al aire libre. 

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El Parque Jardim do Rossio, rodeado de bellos edificios modernistas a orillas del Canal Central, no pudimos disfrutarlo, ya que estaba en remodelación.

Nos dirigimos al Barrio do Alboi, una barriada tradicional portuguesa, con pequeños jardines y plazas. Alineadas las típicas casitas de azulejos, que hoy en día, se suelen alquilar a los turistas. 

Salimos al Canal Principal en el que se asientan elegantes edificios, como el Museo de Aveiro, El Museo de Art Nouveau y la Antigua Capitanía, este último un poco más alejado.

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El Museo del Art Nouveau, se sitúa en la Casa do Major Pessoa, un ineludible para los amantes del modernismo que, además de centro interpretativo de los 28 edificios de estilo Art Nouveau repartidos por la ciudad, acoge una exposición, una colección se azulejos pintados a mano, un salón de té y un jardín en la parte trasera. El Major Pessoa fue uno de los que propició la arquitectura modernista, un romántico, en cuyo jardín se puede ver grabado el nombre de su amada. Muy recomendable.

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Nos dirigimos al corazón de Aveiro, la Plaza de la Republica. Contemplamos el grandioso Ayuntamiento del s. XVIII, con la torre del reloj y con el escudo de armas de Aveiro. También el Teatro Aveirense (1947) y el pórtico de piedra caliza de la Iglesia de la Misericordia que sobresale entre el revestimiento de azulejos del siglo XIX. En medio de la plaza, se alza una escultura dedicada al periodista y político José Estêvão. Cercana, la Confeitaria Peixinho, nos pareció un buen sitio para probar los deliciosos “ovos moles”. 

Por la calle de los Combatientes de la Gran Guerra llegamos a La Plaza del Marques de Pombal otra de las plazas principales, rodeada de destacados edificios como la Casa de Santa Zita, la iglesia de las Carmelitas y el palacete de los vizcondes Almeidinha, que fue reconstruido, tras un violento incendio en la década de los 40.

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Dos emblemáticas plazas para sentarse a contemplar la el ir y venir de los aveirenses.

Tomamos la Avenida Dr. Lourenco Peixinho que termina en un admirable edificio, la Estación de Trenes de Aveiro. En su monumental fachada los hermosos mosaicos de azulejos representan escenas de los ferrocarriles y actividades tradicionales del Municipio. Una maravilla de construcción que no pasa desapercibida.

Continuamos el recorrido por el Ponte de la Amistad hasta El Forum Aveiro, donde, entre multitud de lazos, colocamos el nuestro, como no podía ser de otra manera.

El Forum de Aveiro es un Centro Comercial al aire libre, situado en el margen del canal, que hospeda tiendas de las más célebres marcas. Una pausa, en la misma travesía de la ría, en la que hay instalado bancos de madera para contemplar el agua y lo que acontece, en caso de que no se quiera disfrutar de las compras.

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Terminado el tour, nos despedimos de Paulo, no sin que nos dejara el contacto para que compartiera de nuevo los rincones de su ciudad. Lo podéis hacer en www.aveirocentral.com. También ofrece apartamentos ubicados en el mismo centro.

Una vez las tenues luces aparecen sobre el canal donde descansan los expresivos “moliceiros”, Aveiro presenta una imagen de postal. Otra gratificante jornada repleta de descubrimientos.

El tercer y último día exploramos las playas de Aveiro, La Costa Nova y la Playa de Barra, situadas a unos a 15 minutos por carretera. 

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Comenzamos con Playa de Barra, un extenso arenal custodiado por un imponente faro, el más alto de Portugal y el segundo más alto de Europa. Se puede subir a determinadas horas, ofreciéndonos unas impresionantes vistas. La playa tiene un bulevar con restaurantes y tiendas. Las pasarelas de madera sobre las dunas son perfectas para dar un bonito paseo y disfrutar de la espectacular naturaleza y el indómito mar Atlántico. La entrada de la Ría presenta una placentera travesía en el que se asientan los locales aficionados a la pesca lanzando sus cañas.

La Costa Nova es una manga de arena, en la que a un lado tenemos el Atlántico y al otro la Ria de Aveiro. A orillas de la ría, hallamos una de las playas más populares, por exhibir uno de los paseos marítimos más fotogénicos en el que se alinean casas de rayas de intensos colores llamadas “palheiros”, pertenecientes a los pescadores. Hoy en día se alquilan, especialmente en época de verano. Internándonos por sus callejuelas encontramos rincones sacados de un cuento. 

En la zona Atlántica, chiringuitos y pasarelas sobre la fina arena desvelan el bravío mar. Recomendamos dos restaurantes en esta zona: El restaurante chiringuito Bronce seafood&Longe Bar en la misma playa atlántica, y en la parte de la Ría, el ClubedeVela, donde los arroces son una delicia. Degustamos una antigua receta que solo podrás encontrar aquí, el arroz de pulpo y gambas al vino tinto, uno de los platos que no se olvidan. Aconsejable 100%.

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Seguimos recorriendo una parte de la Costa Nova, donde descubrimos largas playas con amplios arenales. Hay que tener precaución ya que la característica común de este litoral es el fuerte oleaje y la fría temperatura del agua. Un paisaje impresionante donde admirar el poderío de la naturaleza. 

De vuelta, realizamos una parada en Ílhavo, a unos 10 minutos de Aveiro para visitar dos puntos de interés: El Museo del Bacalao o Museo Marítimo y la célebre Fabrica de Porcelana de Vista Alegre.

En el Museo Marítimo, se recrea la historia marinera de la pesca del bacalao. Alberga un acuario y una colección de conchas impresionante, así como un barco bacaladero a tamaño natural. Un Museo didáctico con un bonito diseño. 

Fundada en 1824, la Fábrica de Porcelana de Vista Alegre ha estado estrechamente asociada con la historia y la vida cultural portuguesa, y ha adquirido una gran reputación internacional. Actualmente es una de las marcas de porcelanas más vendidas del mundo, y una de las que tiene mayor prestigio.

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Además de la fábrica, el complejo ajardinado, acoge una Iglesia y el renovado Museo Vista Alegre, que muestra la historia de la firma y la evolución estética de la producción durante los siglos XIX y XX, exponiendo una de las colecciones más completas. Sus tres tiendas; una con lo más novedoso y futurista, sorprendente y creativa; otra tienda outlet, donde compramos una bonita bandeja pintada a mano; y la última con la colección de Bordallo Pinheiro de inspiración tropical, muy divertida y de increíble colorido. Sin duda el mejor lugar para llevarse un útil y bonito recuerdo de esta tierra.

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Volvimos al hotel disponiendo de las bicis de nuevo, dejándonos llevar esta vez, por lugares que no habíamos transitado, como el pequeño canal del barrio do Alboi, que nos conduce a un inesperado y novísimo carril bici que recorre toda la zona de la Universidad frente a la ría. Un largo camino con espacios para sentarse a observar las aves recreándose en el agua lagunar, entre las que distinguimos elegantes flamencos. En el último tramo, tomamos un sendero de vegetación que transcurre entre una parte de las salinas. En esta ocasión observamos más cantidad de aves que no identificamos. Una maravilla paisajística en la que solo faltó, por coincidir con la época de recogida, el blanco panorama que dejan las pirámides de sal almacenada, otro símbolo de la localidad. Un bellísimo y tranquilo atardecer y todo un regalo de despedida. Sin lugar a duda, pasear en bicicleta por esta agraciada localidad es una de las mejores cosas que pudimos hacer.

La antigua villa marinera de Aveiro es un destino de tradición y ambiente relajado. Atravesada por canales nos ofrece una bellísima arquitectura, interesantes museos, una excelente gastronomía, playas infinitas y un ecosistema extraordinario donde disfrutar del paisaje de aves acuáticas en su hábitat natural. Una atractiva ciudad que ciertamente, nos ha conquistado.

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